Organismos vivos e intercambio de energía, autorregulación
17 Apr, 2026
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Todo lo que vive en la Tierra desde el momento del surgimiento de la vida orgánica hasta el presente evoluciona y existe sólo en un entorno donde varios campos físicos están constantemente presentes: radiación gravitacional, electromagnética del Sol y otros objetos cósmicos, el campo magnético de la Tierra, etc. Por lo tanto, los objetos biológicos dependen sutilmente de los cambios en estos campos y, además, no pueden existir sin ellos.
Existe una opinión bien fundada de que sólo el 15-17% del gasto energético del cuerpo humano por día se cubre con los alimentos consumidos. Si toda la energía procediera de los alimentos, ¡tendríamos que comer hasta 40 kg de comida al día!
La energía en forma de campo ingresa a la persona desde el exterior a través de los llamados centros de energía (chakras) y puntos biológicamente activos en la piel, lugares de salida a la superficie de los meridianos (canales) conductores de energía conocidos en la medicina oriental.
Sin el intercambio mutuo de energía e información entre los objetos biológicos y el medio ambiente, la vida sería imposible. Se sabe que todas las células vivas, incluido el cuerpo humano, son fuentes de oscilaciones eléctricas y magnéticas, y cuanto más compleja es la estructura de un organismo multicelular y multitejido, mayor es el rango de frecuencias de los campos electromagnéticos emitidos y percibidos por este organismo.
Al estudiar la radiación de un objeto biológico y sus efectos de campo percibidos, se observa que la energía de este intercambio es de intensidad muy pequeña y puede ascender a unidades o decenas de microvatios por 1 cm cuadrado cerca de la superficie del objeto. Esta circunstancia dificultó su registro (no existían dispositivos de medición de alta precisión). Según los conceptos físicos, cualquier objeto biológico es un sistema abierto no lineal que mantiene su estabilidad gracias al aporte de energía del exterior, condición necesaria para su existencia como sistema desequilibrado.
Un ejemplo vívido de un sistema no lineal abierto puede ser un juguete: una peonza que necesita enrollamiento externo repetido para mantener su movimiento. Debido al desequilibrio de los biosistemas, el factor principal para la generación de oscilaciones en ellos es la acción de procesos oscilatorios conectados organizadamente en diferentes rangos de ondas: palabras, música, luz reflejada de varios objetos, ondas de polarización de diversas soluciones y plantas, etc. La estabilidad de los biosistemas desequilibrados sólo puede ser dinámica, y el margen de estabilidad del biosistema depende directamente del poder de los procesos oscilatorios.
El principal mecanismo que sustenta los procesos oscilatorios en el cuerpo es la asimetría. En particular, es la presencia de diversos medios líquidos ópticamente activos, los estereoisómeros, lo que en el proceso de evolución ha introducido una regla estricta para su selección. De acuerdo con estas reglas, en el cuerpo de humanos y animales, las grasas y los carbohidratos deben tener solo estereoisomerismo derecho (es decir, la capacidad de desviar un rayo de luz hacia la derecha) y los aminoácidos, solo estereoisomerismo izquierdo (desviar un rayo de luz hacia la izquierda). Esta combinación de estereoisómeros en los organismos vivos se denomina regla de pureza quiral y, aparentemente, es una condición necesaria para la potencia suficiente de los procesos oscilatorios y, en consecuencia, la estabilidad del biosistema. Gracias a los procesos oscilatorios y las oscilaciones magnéticas del vórtice de información que surgen en este caso, existe una conexión entre células, órganos y sistemas funcionales que unen al cuerpo en una sola comunidad conectada por procesos rítmicos.
El cuerpo humano es un sistema profundamente autoorganizado y autorregulado que consta de estructuras celulares jerárquicamente autosimilares, interconectadas por campos de ondas de información que forman un marco de información electromagnética de un solo organismo, capaz de autorregularse y reaccionar a similares externos (razón - habitación humana.